¿Hasta cuándo Bancolombia operará con impunidad?
- fernando torres mejia

- 6 mar
- 3 Min. de lectura

La semana pasada, una vez más, los colombianos amanecimos con la misma noticia de siempre: Bancolombia fuera de servicio. La más reciente contingencia tecnológica, ocurrida entre el 22 y 24 de febrero de 2026, dejó a millones de usuarios sin acceso a sus cuentas, sin poder realizar transferencias, pagos o consultas. Lo que la entidad anunció como un "mantenimiento programado" se convirtió en un calvario que superó las 24 horas de intermitencias y fallas generalizadas.
No es un hecho aislado. Es un patrón recurrente. Los incidentes se repiten casi quincenalmente, afectando especialmente los fines de semana y fechas de quincena, cuando los colombianos más necesitamos acceder a nuestro dinero. Y la respuesta del banco es siempre la misma: comunicados tibios, excusas técnicas y promesas de que "la plata está segura". Pero, ¿quién garantiza realmente esa seguridad cuando no podemos disponer de nuestros recursos? ¿Quién responde por el tiempo perdido, por las transacciones fallidas, por las obligaciones incumplidas?
El contraste es profundamente indignante. Cuando un cliente de Bancolombia se atrasa en una cuota, no hay piedad. Llegan las llamadas de cobro, los intereses de mora, el reporte en centrales de riesgo, el embargo de cuentas y, en casos extremos, procesos judiciales que pueden arrebatarle hasta su patrimonio. El sistema es implacable con el deudor. Pero cuando el deudor es el banco (que nos debe un servicio eficiente y continuo), la historia es muy distinta. No hay multas que duelan, no hay sanciones ejemplarizantes, no hay cárcel para los responsables. La entidad sigue operando como si nada, generando utilidades billonarias (Bancolombia encabeza el sistema financiero con ganancias que superan los $6,3 billones en 2025), mientras sus más de 20 millones de clientes padecemos las consecuencias.
Y como si fuera poco, pagamos las tarifas más altas del mercado. Un análisis comparativo revela que Bancolombia es posiblemente el banco más costoso de Colombia. Por ejemplo, por retiros en cajeros internacionales cobra $9.900, mientras que BBVA cobra solo $6.803. En cuota de manejo mensual, el plan más costoso de Bancolombia llega a $14.200, superando a Davivienda ($15.000, pero con otros beneficios) y muy por encima de bancos como BBVA o Caja Social, que ofrecen cuentas sin cuota de manejo. Las transferencias a otros bancos cuestan $7.300 y los retiros en sucursal física $9.490. Pagamos más y recibimos un servicio pésimo.
Y ojo, no es que las autoridades no existan. La Superintendencia Financiera tiene la facultad de investigar y sancionar estas conductas. De hecho, en noviembre de 2025 multó a Bancolombia con $500 millones de pesos por las caídas de junio de 2024. Pero, seamos sinceros: ¿500 millones son algo para un banco que gana billones? Es una multa de risa, una palmada en la mano para una entidad que sistemáticamente incumple su promesa de servicio. Como bien lo advirtió la propia Superfinanciera, aquella caída de 2024 "no se trataba de un mantenimiento programado, sino de una situación de emergencia derivada de una crisis inesperada". ¿Y ahora? La historia se repite, y la sanción, si es que llega, será igual de irrelevante.
Mientras tanto, otros bancos funcionan. Davivienda, Banco de Bogotá, BBVA y demás entidades del sistema logran mantener sus plataformas operando sin colapsos recurrentes. Entonces, la pregunta es obligada: ¿Por qué solo Bancolombia falla con tanta frecuencia? ¿Por qué la entidad más grande, con más recursos y más utilidades, es la que peor servicio presta y la que más cobra? La respuesta es simple: porque puede hacerlo. Porque no hay consecuencias reales.
Ya basta de excusas de "actualización de plataforma", "migración de datos" o "fallas de proveedores externos". Los colombianos no podemos seguir siendo rehenes de la ineficiencia bancaria. Necesitamos que la Superintendencia Financiera actúe con verdadera firmeza: que imponga sanciones millonarias y proporcionales al daño causado, que obligue a compensaciones automáticas y efectivas para todos los afectados, y que establezca mecanismos de vigilancia permanentes para que estas fallas dejen de ser la norma.
En Estados Unidos, los usuarios lograron hacer campañas virales contra Netflix cuando la empresa cometió abusos, y consiguieron cambios. ¿Será que los millones de colombianos tenemos que organizarnos y hacer lo mismo? ¿Tendremos que recurrir a la presión masiva para que el Estado y las autoridades hagan su trabajo? Porque hasta ahora, la impunidad de Bancolombia es la regla.
La confianza no se devuelve con comunicados de prensa ni con abonos automáticos que ni siquiera cubren el verdadero perjuicio. La confianza se devuelve con consecuencias. Y mientras los gerentes del banco sigan durmiendo tranquilos mientras millones de colombianos no pueden pagar sus deudas, comprar el mercado o hacer un giro urgente, seguiremos en el mismo círculo vicioso.
Despertemos y exijamos que las autoridades competentes actúen ante los atropellos de Bancolombia. Porque si el sistema es implacable con nosotros cuando fallamos, ¿por qué no ha de serlo con ellos? ¿Hasta cuándo Bancolombia operará con impunidad?
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