¿Está usted dispuesto a que Iván Cepeda le cierre la puerta a la democracia?
- fernando torres mejia

- 21 mar
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El peligro existencial para Colombia no es solo que la izquierda repita mandato; es que lo haga en las manos de quien allanará el camino para la reelección de Petro y el desmonte definitivo de la República.
Este mayo no es un mes cualquiera. Es, quizás, la última oportunidad que tiene Colombia para mirar al abismo y decidir si da un paso al frente o se deja caer. La posibilidad de que Cepeda, el “delfín” del Pacto Histórico, llegue a la Casa de Nariño se ha convertido en la pesadilla más tangible para quienes creemos que este país puede tener un futuro distinto al de una sucursal de la tiranía castro-chavista.
El peligro silencioso: No nos distraigamos con fuegos artificiales. El peligro real lleva un nombre: Iván Cepeda. Mientras Petro ha gobernado en medio del ruido y el escándalo, Cepeda representa la versión institucional, disciplinada y silenciosa del mismo proyecto. Es el hombre que puede hacer, sin aspavientos, lo que Petro no ha logrado por su talante caótico.
Si Cepeda gana, la derecha (y con ella, cualquier atisbo de democracia liberal) puede despedirse del poder por muchas lunas. No es alarmismo, es lectura de intenciones.
La reelección: El primer punto de su agenda no será la paz, ni el hambre, ni la economía. Será la constituyente. Cepeda ha sido un entusiasta de enterrar la Constitución del 91 para dar paso a un texto hecho a la medida del proyecto de Petro. ¿Y qué viene después? La reelección.
Su primer mandato sería un puente para limar las aristas institucionales, llenar las cortes de burócratas fieles y, en 2030, abrirle la puerta a Petro para un segundo asalto. Doscientos años los tuvieron fuera y no piensan soltar el premio mayor así nomás.
El precio de la "paz total": Si con Petro los grupos narcoterroristas han recuperado poder territorial, con Cepeda será la apoteosis. No se trata de negociar la paz; se trata de legalizar el poder que ya tienen. Cepeda, con su talante de defensor de derechos humanos (selectivo, siempre selectivo), les entregará curules sin importar la sangre que tengan en sus manos.
El objetivo: tener un ejército irregular al servicio del proyecto, una base social armada que garantice que el "progresismo" siga conduciendo el país.
El odio a la clase media: Al progresismo le molesta que usted, que trabaja, que paga impuestos, pueda vivir bien. Eso es "privilegio". La siguiente reforma tributaria no será para gravar a los grandes capitales, sino para estrangular a la clase media y al pequeño empresario.
Es la receta venezolana: acabar con el que produce, expropiar vía impuestos y repartir la pobreza para que todos dependamos del Estado. No es economía, es ideología.
El fantasma de la dictadura: Un segundo mandato de la izquierda, con control absoluto del poder y un nuevo marco constitucional, es la antesala de la dictadura. No una dictadura militar, sino una dictadura "democrática" de movimientos sociales que termina aplastando al disidente. Estilo venezolano, con acento colombiano.
El Congreso, el mercado persa donde se negocia la patria: Aquí viene lo más indignante, aunque aún no se haya consumado. Los congresistas que acaban de asegurar sus curules, esos que según la Constitución deben ser el muro de contención del Ejecutivo, hicieron campaña con una mano en el corazón y la otra en el bolsillo. ¿Qué viene ahora? Si repetimos la historia que hemos visto elección tras elección, muchos de ellos abrirán sus bolsillos y se irán con el candidato presidencial que les garantice más migajas del presupuesto para pagar la inversión de su campaña.
Nadie puede asegurar hoy que eso vaya a pasar, pero la experiencia nos dice que es lo más probable. La política en Colombia tiene una peligrosa tendencia a convertirse en un mercado persa: “¿Usted cuánto me da? Entonces yo voy con usted”. Cuando esto ocurre, la lealtad de muchos congresistas termina negociándose al mejor postor, en una lógica que desdibuja cualquier proyecto colectivo.
Lamentablemente, volveremos a enfrentarnos a la dura realidad de votar por el menos malo. Así de triste es nuestro panorama democrático. Pero en esta ocasión, ese "menos malo" debe garantizar que este país no se convierta en una cárcel con urna. No pedimos un héroe. Pedimos que quien elijamos no le entregue las llaves del país a quienes sueñan con enterrar la democracia.
La pregunta no es si se va del país o si tiene capital para sobrevivir en el exterior. La pregunta es: ¿Está dispuesto a renunciar a su país? ¿A dejarle la casa a quienes la van a incendiar? Yo no. Por eso, el llamado es a votar en mayo, con los ojos bien abiertos.
Piense en sus hijos, en sus padres, en el tendero de la esquina. Piense en si quiere vivir en una democracia real o en un simulacro donde las decisiones las toma una camarilla de iluminados y sus aliados narcoterroristas.
Este mayo, usted no está eligiendo un nombre: está decidiendo si Colombia sigue siendo Colombia. Porque si gana la izquierda, no se engañe: no tendremos otras elecciones que valgan la pena en mucho tiempo. Entonces, ¿está usted dispuesto a que Iván Cepeda le cierre la puerta a la democracia?
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