Abelardo, es hora de asegurar el triunfo
- fernando torres mejia

- 14 mar
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Los resultados del pasado domingo 8 de marzo dejaron una lección que no podemos ignorar: la política colombiana exige sensatez, generosidad y, sobre todo, capacidad de leer la realidad sin que el ego nuble el juicio. Las urnas hablaron y nos mostraron un mapa político que debemos interpretar con honestidad, más allá de los deseos personales o las expectativas que cada candidato hubiera construido alrededor de su aspiración.
No es un señalamiento gratuito ni mucho menos un ataque. Es una lectura objetiva de lo que ocurrió en las urnas. Abelardo logró reunir 5 millones de firmas para avalar su candidatura, una gesta ciudadana que merece respeto y admiración. Sin embargo, ese capital político no se tradujo en votos ni en una bancada significativa para el partido Salvación Nacional. Mientras Enrique Gómez logró asegurar su curul y mantener la personería jurídica de su movimiento, la aspiración presidencial de De la Espriella quedó navegando en aguas de incertidumbre.
Es aquí donde debemos hacer un alto en el camino. No se trata de menospreciar el esfuerzo de nadie, sino de entender que la política es también un ejercicio de responsabilidad con el país. Hoy Colombia enfrenta un riesgo real: que Iván Cepeda, el candidato del establecimiento petrista y de las FARC, pueda ganar la presidencia en primera vuelta. Y eso, querido Abelardo, sería un golpe del cual nos tomaría años recuperarnos.
Analicemos los números con seriedad. El Pacto Histórico tiene capacidad de maniobra y, lo más importante, cuenta con la “chequera” del Estado, que no es cualquier cosa, para conquistar electores. El aumento del 24% al salario mínimo no fue un acto de justicia social desinteresada: fue una jugada política que benefició a más de 2.5 millones de personas que, como era de esperarse, depositarán su voto en la izquierda. A eso sumémosle la maquinaria burocrática, los contratos, el chorro de recursos y la capacidad de seducción que da estar en el poder.
Frente a esta maquinaria bien aceitada, la derecha y el centro político no pueden darse el lujo de llegar fragmentados, entonces es aquí donde usted, Abelardo, tiene una oportunidad histórica de demostrar grandeza.
Paloma Valencia representa hoy la opción más sólida para derrotar a Cepeda. No es una afirmación caprichosa: es la constatación de que ella ha construido un liderazgo coherente, con una fórmula vicepresidencial como Daniel Oviedo que puede atraer a esos electores de centro que resultan determinantes en cualquier contienda electoral. Oviedo suma, conecta con sectores que buscan alternativas sensatas y le aporta un equilibrio a la fórmula que ningún otro candidato puede ofrecer.
Usted ha manifestado en alguna oportunidad que, de llegar a segunda vuelta, está dispuesto a "cargarle la maleta" a Paloma si ella queda mejor posicionada, o que ella le cargue la suya si usted pasa a la segunda vuelta. Con el debido respeto, permítame decirle que esa no es hora de jugar a las especulaciones. En política, dar papaya es permitir que el enemigo avance mientras nosotros nos entretenemos en cálculos sobre escenarios hipotéticos.
Porque el riesgo es claro y contundente: si usted pasa a segunda vuelta, los votos de Paloma (que son muchos y decididos) no migrarán automáticamente hacia su candidatura. En cambio, si es Paloma quien enfrenta a Cepeda en segunda vuelta, sus votantes sí encontrarán en ella un hogar político natural. Pero además si ella logra ganar en primera vuelta con el apoyo decidido de todos los sectores alternativos al petrismo, el triunfo será contundente y el país podrá respirar tranquilo.
Pero hay un escenario aún más aterrador: que Cepeda gane en primera vuelta por la simple y necia división de quienes deberíamos estar unidos. Eso, Abelardo, sería una tragedia anunciada, la cual no quisiéramos que sobre su conciencia recaiga la responsabilidad de haberle abierto la puerta a la izquierda más recalcitrante por no dar un paso al costado a tiempo.
Usted es joven, tiene futuro, puede aspirar a ser presidente en elecciones venideras. Nadie le quita el mérito de haber recogido 5 millones de firmas ni el cariño de miles de colombianos que creen en su proyecto. Pero la sensatez, en estos momentos, le exige grandeza. Le exige entender que el país necesita a una mujer experimentada, que conoce las entrañas del Estado, que puede reconciliar y organizar esta nación que tanto lo requiere.
No lo digo con ánimo de ofender, sino con la convicción de quien observa el tablero político y sabe que las jugadas individuales, por brillantes que sean, no siempre conducen al triunfo colectivo. Paloma Valencia, con Daniel Oviedo, es la fórmula que puede derrotar a Cepeda. Usted puede ser recordado como el hombre que, con generosidad, le abrió las puertas a ese triunfo.
No permitamos que la arrogancia o el narcisismo nos jueguen una mala pasada. El momento es ahora. El país se lo va a agradecer, de lo contrario, una vez gane Iván Cepeda, vamos a extrañar a Gustavo Petro. Por eso Abelardo, es hora de asegurar el triunfo.
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